Poesía eres tú.
¡Cuántas carpetas forradas con aquellos versos de Bécquer circulaban por los pasillos del instituto!
Poesía en fotografía
Aquella frase era casi obligatoria en la portada junto a algún corazón sospechosamente insistente.
¡Qué tiempos!
Hoy quiero hablar de algo que durante años no supe nombrar: la poesía en fotografía
Pero vamos al lío. ¿Qué es poesía?
Según la RAE: «es la manifestación de la belleza o el sentido estético a través de la palabra, ya sea en verso o prosa».
Bien… vamos a probar otra definición.
Si le preguntamos a Chatgpt nos cuenta: «es una forma de expresión artística que utiliza el lenguaje de manera estética y rítmica para transmitir emociones, ideas o experiencias de manera intensa y concentrada. A menudo recurre a recursos como la metáfora, la imagen, la musicalidad y la economía de palabras para crear un efecto profundo en quien la lee o escucha».
Bien, todo estupendo.
Pero entonces… ¿Y la poesía sin palabras, con imágenes y no se «lee», sino que se mira?

La belleza no es una cualidad de las cosas mismas: existe sólo en la mente del que las contempla y cada mente percibe una belleza diferente.
Sobre la norma del gusto – David Hume
La belleza
Si la poesía tiene que ver con la belleza… entonces convendrá aclarar qué demonios es la belleza.
Quiero meter en escena a Gotthold Ephraim Lessing. Él decía que lo bello no es simplemente lo que agrada a nuestros ojos, sino aquello que, a través de ellos, complace a nuestra imaginación. Es decir, el arte en sus diferentes manifestaciones (literatura, pintura, fotografía, música…) no debe mostrarlo todo, sino dejar espacio para que el espectador complete la emoción. Ahí es donde ocurre el verdadero impacto.
El arte no está para ofrecerlo todo masticado.
Está para sugerir.
Para dejar espacio.
Para que tú completes el momento culminante en tu cabeza.
Y lo más importante: el arte más potente no lo muestra todo; lo evoca.
Evocar más que narrar.
Sugerir en lugar de explicar.
Insinuar más que subrayar con un rotulador fluorescente.
Eso, creo yo, es una parte esencial de la belleza.

Yo me confieso: yo odiaba la poesía
Ahora viene la parte más incómoda…
En el colegio yo odiaba la poesía (entre otras muchas más cosas).
Sí… lo confieso.
Analizar versos, buscar metáforas, destripar recursos literarios… Aquello me parecía una tortura.
No entendía nada. Ni papa.
Y cuando tocaba explicar en clase lo que el autor «quería decir», yo practicaba el ancestral arte de deslizarme en la silla para desaparecer entre las cabezas de mis compañeros. Pero claro… ese gesto llamaba demasiado la atención.
En aquellos tiempos mi pensamiento era sencillo: ¿no se puede hablar claro y dejar de disfrazar todo con metáforas, por Dios?
Mi mente estaba en otros mares, literalmente.
Y sin embargo…

Poesía emocional
Tras renegar de la poesía escrita… ironías de la vida… la fotografía hizo acto de presencia.
Buscaba belleza sin saber que la estaba buscando.
Y la encontraba tanto en lo estéticamente agradable como en lo incómodo, lo áspero, lo aparentemente feo.
Con el tiempo descubrí algo desconcertante y fascinante a la vez: estaba intentando hacer poesía… con imágenes.
Sin palabras, ni versos, ni estrofas.
Metáforas visuales. Simbolismo. Ritmo. Secuencias narrativas. Evocación.
Exactamente lo mismo que me irritaba en clase de lengua… pero traducido a un idioma que sí podía entender.
Y sigo intentando. A veces me conmueven mis propias imágenes, y entonces pienso que quizás, solo quizás, algo de poesía estoy consiguiendo.
¿Tiene sentido? Muchísimo.

La fotografía como poema
Un díptico puede ser un verso.
Una secuencia de imágenes, un poema con ritmo.
Una serie fotográfica, una estructura emocional.
Aunque a veces, basta una sola imagen para evocar tanto que se convierta en un poema completo por sí misma.
No hace falta contar una historia completa.
Hace falta construir un camino hacia una emoción.
Un poema visual no explica: sugiere.
No obliga a sentir: abre la puerta a que cada espectador sienta lo que necesite sentir.
Las imágenes dialogan entre sí y ese diálogo es el hilo conductor hacia la emoción.
Eso es poesía.
Leonardo da Vinci defendía que la pintura servía a un sentido más digno que la poesía, porque representaba con mayor verdad las obras de la naturaleza.
Jean-Baptiste Dubos sostenía que la pintura tenía más poder que la poesía porque actúa directamente sobre la vista, utilizando «signos naturales» en lugar de artificiales.
Yo lo que sí sé es que cuando una imagen te atraviesa sin necesidad de palabras algo profundamente poético está ocurriendo. Como cuando escuchas una canción y se te eriza la piel sin saber muy bien por qué: ahí está ocurriendo algo profundamente poético.

De tinta a luz
Durante muchos años hice fotografías sin saber ponerle nombre a lo que estaba haciendo.
Ahora lo entiendo: buscaba o encontraba ese instante en el que algo hace que se remueva algo por dentro.
Es una emoción que no sabes explicar.
Evocar más que narrar.
Esa es la clave.
Hoy leo poesía de otra manera. Sin miedo. La entiendo mejor (aunque no siempre) y la disfruto.
Quizás no era que la poesía no fuera para mi sino que simplemente hablaba en un idioma que yo todavía no sabía traducir.
Ahora sí.
Y resulta que siempre he estado intentando escribir poesía… solo que con luz.
Hasta ahora tenía fragmentos de un poema aún no escrito; ahora los voy uniendo para que tomen forma en versos y estrofas.
Desde hace años guardo entre mis más preciadas posesiones un libro titulado Poética fotográfica, de Llorenç Raich Muñoz. Lo tengo subrayado hasta la saciedad. Cada vez que vuelvo a él descubro un párrafo nuevo y sublime. (Sí… subrayo los libros con bolígrafo. No les tengo ningún respeto, y me encanta). Se lo recomiendo a todo el mundo.
Recomiendo escuchar este audio del programa Una Canción para un Fotógrafo de RTVE dedicado a Fotografía como Poesía de Llorenç Raich Muñoz.
¿Y la música? ¿No es también poesía y belleza? Seguro que lo es… pero sobre eso que escriba otro, ¿no? Un músico, por ejemplo. Yo ya me he metido en un buen fregado fotográfico-filosófico y no necesito más complicaciones.

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