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HISTORIAS DE LIQUERIQUE

::Todo esto se repite día tras día de un modo inmutable, pero que a la vez es distinto en cada momento::

Hay zonas en muchas ciudades que son como un microcosmos. Estamos en La Punta de Liquerique, en el Muelle de Gijón.

Aquí conviven, en amalgama con el sabor a salitre:

…turistas que admiran la novedad con lugareños que, en un interminable bucle, dan su paseo diario, día tras día…

…parejas que comparten el final del día y deslumbradas por los colores del horizonte, se hacen un selfie…

…amigos que echan unas risas, disfrutando de sus días de sidra y rosas, con el mar de fondo…

…perros que intentan seguir el ritmo de sus amos, mientras olisquean tozudamente lo que les da tiempo…

…madres que pasean y dan la merienda a sus hijos…

…personajes con paraguas o sombrero (los fotógrafos lo entienden)…

…chicos en la edad de la inconsciencia y la temeridad, en baños de interminables tardes de verano…

…nieblas que penetran hasta los huesos y olas que te empapan por sorpresa…

…seres solitarios que simplemente escuchan el mar y se dejan acariciar por los últimos rayos de sol…

…sombras y siluetas que se retuercen y estiran resistiéndose a apagarse…

…fotógrafos que, además de observar todo lo anterior, intentan fotografiarlo…

..otros fotógrafos que, en una pirueta imposible, fotografían a los fotógrafos…

Todo esto se repite día tras día de un modo inmutable, pero que a la vez es distinto en cada momento.

Amores que nacen… adioses nostálgicos a quienes se han ido… la vida que pasa.

Sobre la exposición

Carlos Conde

«Historias de Liquerique» es la primera exposición donde ambos fotógrafos, Carlos Conde y Mónica Riveiro, trabajan juntos.

Mónica lleva en fotografía desde que tenía 18 años. Es profesional de la fotografía desde el 2000, trabajando principalmente en fotografía social y retrato en su propio estudio. Más allá de sus esfuerzos profesionales, sus proyectos personales tienen lugar en las calles. Usa el blanco y negro, dinámico y evocativo, para expresar emociones. Escenas a contraluz, misteriosas siluetas solitarias y un blanco y negro extremo son las características principales de la estética de sus imágenes.

Carlos trabajó como funcionario, pero su verdadera pasión es la fotografía. En los últimos años ha usado la fotografía urbana como un medio de expresión artística, usando para ello lentes gran angulares para aproximarse a la gente.

Aquí es donde sus caminos se cruzaron.

Esta exposición se centra en espacios urbanos como un microcosmos donde la gente se evade de la vida cotidiana, sumergidos en sus pensamientos, mirando al horizonte, escuchando el murmullo del mar.

Estas 45 imágenes seleccionadas para la exposición tienen una historia en común: la vejez, la soledad, paseos al atardecer, ocio, amistad y familia. Uno de estos espacios urbanos es «Punta de Liquerique»

La vida cotidiana fluye en este muelle, en la ciudad de Gijón del norte de España. Todos los días hay historias nuevas, además de las antiguas. Dos fotógrafos inventan historias y terminan siendo parte de ellas.

Primero por separado pero, finalmente por casualidad, se juntan en el mismo proyecto.

Construyen historias desde dos puntos de vista diferentes y cada espectador tiene que llenarlas de vida. Hay dos códigos: blanco y negro intenso por un lado y, por otro, una amplia gama de grises. Dos maneras diferentes de crear una atmósferas para sus personajes.

Las dos fotografías que abren la exposición son la encrucijada de la trama: son muy similares pero, al mismo tiempo, son polos opuestos. Una tiene una mirada dramática, con contrastes altos y rodeado de «espacio negativo»; la otra muestra al personaje principal rodeado de «espacio positivo» y lleno de luz.

 

Mónica Riveiro
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