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Esencias

«… y eso es lo que caracteriza y diferencia al Dublín de Joyce del otro, del pasajero, el real: ser una sociedad en ebullición, hirviente de dramas, sueños y problemas, que ha sido metamorfoseada en un precioso mural de formas, colores, sabores y músicas refinadísimas, en una gran sinfonía verbal en la que nada desentona, donde la más breve pausa o nota contribuye a la perfecta armonía del conjunto. Las dos ciudades se parecen, pero su parecido es un engaño sutil y prolongado, pues aunque esas calles lleven los mismos nombres, y también los bares, comercios y pensiones, […] la distancia entre ambas es infinita, porque sus esencias son diferentes. La ciudad real carece de aquella perfección que sólo la ilusión artística de la vida – que nunca la vida – puede alcanzar, y, también de esa naturaleza acabada, esférica, que ese tumulto incesante y vertiginoso que es la vida verdadera, la vida haciéndose, nunca puede tener. El Dublín de los cuentos ha sido purgado de imperfecciones o fealdades – o,  lo que es lo mismo, éstas han sido trocadas por la varita mágica del estilo en cualidades estéticas-, mudado en pura forma, en una realidad cuya esencia está hecha de esa impalpable, evanescente materia que es la palabra; es decir, en algo que es sensación y asociaciones, fantasía y sueño antes que historia y sociología.

Mario Vargas Llosa (extracto del prólogo de Dublineses de James Joyce)

En un centro comercial de Dublín una pianista ameniza al resto de clientes
Dublín, 2022

La esencia de una ciudad es una mezcla entre la realidad y la interpretación de quien la percibe, algo que James Joyce ejemplificó al retratar un Dublín literario y nostálgico, más una proyección de su propia memoria que de la ciudad tangible. Al leer sus cuentos, lo que encontramos es la esencia de Joyce más que la de Dublín. Cada persona filtra su experiencia de una ciudad según su perspectiva, y los fotógrafos, igual que los escritores, buscan captar esa esencia a través de sus herramientas —en este caso, imágenes— transformando lugares en una mezcla de realidad e interpretación personal. Ambos toman los elementos caóticos y desordenados de la vida real y los organiza en un conjunto estético armónico, utilizan lo ordinario para revelar lo extraordinario. La esencia es más evocadora que la realidad misma porque es el producto de una visión artística que ha depurado y reorganizado los elementos de la escena.

Al fotografiar una ciudad, el autor reflexiona sobre la dualidad entre la esencia de la ciudad y la suya propia, que se fusionan para crear algo único. La fotografía, como la literatura, no es una copia fiel de la realidad sino una recreación artística; la visión del fotógrafo siempre está influida por sus emociones y su estilo. Así, cada ciudad capturada se convierte en un reflejo tanto de su atmósfera como de la esencia del fotógrafo. Esta perspectiva sugiere que tanto las ciudades como quienes las observan están en constante cambio, y cada visita y cada fotografía son irrepetibles, construyendo una realidad visual propia en cada intento.

En mi blog puedes leer algunas reflexiones de lo que es para mi mi práctica en este tipo de fotografía… mi fotografía de calle.

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