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Sacar la cámara a pasear: frustración, motivación y fotografías que no dicen nada

A veces salir con la cámara a pasear se siente como un trámite: calles conocidas, caras repetidas, rincones que ya parecen vistos mil veces. Esa sensación de frustración no significa que la creatividad haya desaparecido; es solo una pausa necesaria en la motivación fotográfica en la ciudad, saturada de imágenes y expectativas.

Un perro llamado cámara

El momento en que tu fiel compañera tecnológica se convierte en un perro

Sacando la cámara a pasear como si fuese un perro
Sacas a pasear la cámara como cuando sacas a pasear el perro.

¿Alguna vez has sacado la cámara a pasear como si fuese tu perro? Yo sí.

Sí, lo confieso: he salido a la calle con la cámara como quien saca al perro a pasear. Literalmente. Y he vuelto a casa… sin una sola foto. Ni siquiera saqué la cámara de la bolsa. Es entonces cuando entiendes que tu fiel compañera tecnológica ya no es una cámara, sino un perro que sacas a pasear por costumbre.

El otro día vi un vídeo en YouTube —a veces entre tanto ruido aparecen pequeñas joyas que hacen clic en la cabeza— en el canal de Miguel Marina (Miguelitor).

Hablaba de algo que me ha pasado a mi y, estoy segura, a muchos fotógrafos también. 

Comienza con una pregunta directa y certera: ¿Cuántas veces hemos salido a hacer fotos sin ganas?

En mi caso muchas, demasiadas. Me ha pasado y me sigue pasando hoy en día. Somos humanos, no máquinas. Afortunadamente. 

motivación para fotografiar en la ciudad
A veces, hasta en una ciudad como París, tienes que descansar del bombardeo de tantas imágenes.

Cambiar de cámara no cambia la mirada

Sí. Me ha pasado. He intentado combatir este tedio de mil maneras, buscando soluciones y fórmulas mágicas para intentar desbloquearme. Cambiar de cámara, por ejemplo. Entre mis tres amores tecnológicos: Nikon, Sony y Olympus (sí, ya lo sé ahora las Olympus han pasado a llamarse OM System, pero para mí siempre serán Olympus —qué bello nombre—). 

La Nikon D750 con su objetivo 24-70 f/2.8 pesa lo mismo que un ladrillo. Resultado: pocas fotos, nada nuevo, dolor de espalda y cuello crónico, y un deseo irrefrenable de llegar a casa para soltar el «ladrillo» y tumbarme.

La Sony A7 IV es más ligera, sí, pero con dos objetivos y la mochila al hombro, acabo usando uno sólo… por pura pereza de cambiar objetivos. 

La Olympus Pen F, pequeñita, elegante y práctica, se convierte en mi aliada en la ciudad. Ligera y fácil de llevar. Pero incluso ella no siempre es suficiente para encontrar un propósito detrás del visor. 

Tener una cámara apropiada de peso y tamaño no es suficiente para salir a la calle y encontrar la foto perfecta. Todo te parece igual, las mismas caras, las calles, los pequeños rincones cien mil veces visitados. 

Y ahí empiezan los juegos creativos de emergencia: filtros, velocidades lentas, dobles exposiciones… Solo falta lanzarla al aire con el temporizador puesto y confiar en que la inspiración venga por gravedad.

motivación para fotografiar en la ciudad
Filtro de ND para hacer una larga exposición mientras pasaba el tranvía en Budapest
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Usando un filtro ND y girando la cámara durante el tiempo de exposición

Expectativas: el enemigo silencioso

Aquí va un secreto: si sales pensando en la foto perfecta, ya estás sufriendo antes de empezar. La ansiedad por llenar la tarjeta de imágenes “buenas” quema cualquier atisbo de creatividad incluso antes de levantar la cámara.

Durante mucho tiempo pensé que lo mío era un bloqueo creativo. Ahora sé que no. Lo que tenía era una saturación de la mirada, un exceso de imágenes acumuladas en la cabeza y una ansiedad constante por hacer buenas fotos todos los días, por encontrar en cada esquina la escena. Y eso cansa. Mucho.

El verdadero problema son las expectativas. Salir a buscar esa foto perfecta es la manera más rápida y eficaz de cargarte la creatividad. Porque no llega. Y cuando no llega, aparece la frustración. El burnout creativo. Ese punto en el que hasta sacar la cámara de la bolsa parece un esfuerzo físico y mental desproporcionado.

motivación para fotografiar en la ciudad
Salir a pasear con la cámara sin espectativas hace que uno se relaje y encuentre sin buscar
motivación para fotografiar en la ciudad
No hace falta llenar la tarjeta. Si se hacen dos fotos en una sola tarde y te gustan, eso que te llevas.

Viajar con la cámara: cuando la motivación se diluye entre demasiadas imágenes

Cuando viajo, la presión se multiplica. Cada ciudad es un reto, un escaparate de oportunidades fotográficas… y la verdad, los primeros disparos casi siempre acaban en la papelera.

El primer día casi siempre me pasa lo mismo: saco la cámara tarde y, cuando por fin lo hago, entro en modo ametralladora. Demasiados estímulos, demasiadas calles, demasiadas escenas “interesantes”. Disparo a todo lo que se mueve, a lo que no se mueve y a lo que podría moverse. Cero criterio. Cero exigencia. Puro síndrome de turista. Monumentos, calles bonitas, reflejos obvios… el pack completo de clichés.

La ciudad me abruma, no filtro, y el resultado es una sobredosis visual en tiempo récord. Al final del día tengo la tarjeta llena… y la sensación incómoda de no haber dicho absolutamente nada con ninguna foto. Se puede disparar miles de veces y no haber mirado ni una sola.

Con el tiempo he aprendido que las ciudades necesitan ser escuchadas. Que camines sin cámara, que te pierdas un poco, que dejes que el ruido baje. Solo cuando el caos se ordena en la cabeza, la cámara vuelve a tener sentido. Antes de eso, todo es solo ruido visual con forma de fotografía.

motivación para fotografiar en la ciudad
En mitad de Londres y la cámara en la bolsa.

Motivación fotográfica: aprender a mirar antes de disparar

Me di cuenta de todo esto cuando regresé a Dublín después de 32 años. Volvía con la presión de fotografiarla “bien”, esta vez con experiencia, con mirada entrenada, y con el miedo de que la memoria me traicionara. El primer día ni siquiera saqué la cámara de la bolsa. Me limité a caminar, a observar, a reencontrarme con los lugares que seguían intactos en mi recuerdo de estudiante. Necesitaba reconectar con la ciudad, escucharla, sentirla.

Al día siguiente, con la cámara ya colgada al cuello, no sabía por dónde empezar. No quería caer en lo obvio, en las postalitas fáciles. Y fue solo cuando me detuve cuando entendí que la ciudad tenía pulso. De ahí nació ECM. Y también la confirmación de algo que ya intuía: antes de disparar, hay que darse tiempo para mirar y reconocer el lugar que tienes delante.

La motivación no llega por presión ni expectativas. Llega cuando se baja el ritmo, cuando se mira de verdad y dejas que el mundo te sorprenda en cualquier rincón. Y si se vuelve sin fotos… tranquilidad. Hay que disfrutar. Esperar. Porque cuando por fin se produce ese click —primero en la cabeza y luego en el corazón—, entonces sí: levantas la cámara… y disparas.

motivación para fotografiar en la ciudad
Hay quien se bebe la vida de un trago y quien aprende a degustarla
Publicado en Fotógrafos, Reflexión

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