Menú Cerrar

Cuando las imágenes saben cosas que tú todavía no: fotografía, intuición e inconsciente.

FOTOGRAFIAR SIN INTENCIÓN: CREAR UN MUNDO PROPIO

Cuando las imágenes saben cosas que tú todavía no: fotografía, intuición e inconsciente
Ventana a otro mundo

Hace poco escuché una entrevista de Tomasz Trezebiatowski, editor de Frames Magazine, a un fotógrafo que hasta entonces no conocía: Yasuhiro Ogawa. Y casi desde el minuto uno soltó una frase que me hizo levantar la ceja (la izquierda, la que se me levanta cuando algo me importa): «En mis imágenes no hay intencionalidad. Simplemente creo  mi propio mundo«

Y ahí fue cuando pensé: vale, no estoy sola en esto.

Conecto completamente con esa idea. Mi relación con la fotografía se parece mucho a lo que Ogawa describe. Cada vez que intento ser intencional, «hacer algo» o no dejarme llevar, meto más la pata.  Más errores, más ruido, menos verdad. 

No visualizo, no proyecto, no construyo una escena mental previa. Más bien reconozco o intuyo algo. Algo que no sé explicar, algo que no puedo verbalizar, pero que sé que está ahí. Y ese reconocimiento es lo que me lleva a hacer la fotografía.

Y si lo pienso un poco más —sin trampas— tampoco creo que esté construyendo conscientemente un «mundo interior». 

Al menos no de forma deliberada

Más bien sospecho que ese mundo ya existe y que yo simplemente le dejo una rendija para salir. En forma de fotografía. 

Cuando las imágenes saben cosas que tú todavía no: fotografía, intuición e inconsciente
Intuía que con su mirada me contaba algo

CUANDO EL INCONSCIENTE ES QUIEN DISPARA

Aquí entra en juego el gran jefe invisible: el inconsciente

Esa voz que no pide permiso y que, de vez en cuando, decide hablar. En mi caso, habla con imágenes.

A veces miro fotografías que hice hace una semana, un mes o un año, y me pasa algo curioso: descubro códigos, lecturas, significados que en su momento no vi, sólo intuí

Y me sorprenden. Porque parecen saber más de mí de lo que yo sabía cuando apreté el disparador. 

Ahí es cuando yo entiendo que muchas fotografías no son ideas, sino intuiciones

Cosas que emergen sin avisar y que, con el tiempo, se revelan. 

Hoy puedo decir sin dramatismos (pero con bastante honestidad): uso la fotografía para conocerme mejor

Después de muchos años fotografiando, he llegado a esa conclusión. Mis imágenes, a veces, me hablan. Me cuentan cosas mías que yo aún no había formulado. Me redescubro.

Y lo más inquietante es que me lo estoy contando yo misma, sin saberlo. 

Todo sale de dentro. 

Cuando las imágenes saben cosas que tú todavía no: fotografía, intuición e inconsciente
Como estos altavoces en tierra de nadie mis fotografías también me hablan.
Cuando las imágenes saben cosas que tú todavía no: fotografía, intuición e inconsciente
Hay fotografías que no son ideas, son intuiciones

FOTOGRAFIAR PARA GUSTAR (O CÓMO DESAPARECER LENTAMENTE)

Y entonces llegan las redes sociales. Ese maravilloso circo de dopamina, aprobación instantánea y validación ajena con forma de corazón. 

Vivimos expuestos, Publicamos. Esperamos. Y muchas veces — sí, también los fotógrafos— caemos en la trampa de subir una imagen pensando más en si gustará que en lo que nos ha dicho.

Porque los likes suben la autoestima.

Y la dopamina.

Y un poquito el ego.

Y sí, engancha. Como una droga legal y sin receta.

Queremos más. Siempre más. 

Y claro, pasa lo inevitable: subes una fotografía que para ti es especial, íntima, importante… y recibe cuatro likes (uno es del algoritmo despistado de turno). 

Fotografiar para gustar es una forma lenta y elegante de desaparecer. Te obliga a agradar en lugar de sentir, y silencia al inconsciente justo cuando tiene algo que decir. 

Cuando las imágenes saben cosas que tú todavía no: fotografía, intuición e inconsciente
Cuando una imagen se hace importante

MIRAR NO ES VER

Entonces llega la duda: ¿He fallado yo? ¿La imagen no era tan buena?

A mi me ha pasado. Incluso he llegado a desechar imágenes porque no tuvieron la respuesta «esperada». 

Error. Gran error. 

Que una imagen tenga pocos likes no significa que sea mala. Muchas veces significa justo lo contrario.

Vivimos en un mundo rápido, frenético, donde miramos pero no vemos.

Donde no nos detenemos lo suficiente como para cruzar esa frontera entre mirar y ver. 

No hay tiempo, lo que suele aparecer es la indiferencia.

Funciona lo inmediato. Lo obvio, Lo que no exige esfuerzo.

Las puestas de sol son el mejor ejemplo: sube una (mejor sin texto reflexivo, que molesta) y prepárate para recibir aplausos digitales durante horas. 

Amanecer en La Playa de las Catedrales.
Cruzando la frontera entre ver y mirar
Cuando las imágenes saben cosas que tú todavía no: fotografía, intuición e inconsciente
Amanecer en La Playa de las Catedrales. Punto.

CUANDO UNA IMAGEN CONECTA DE VERDAD CON ALGUIEN

Pero hay imágenes que no funcionan así.

Imágenes que son íntimas, que piden pausa, que necesitan ser leídas como un poema corto o un párrafo denso de un libro. 

Y claro, eso no es tan viral. 

Sin embargo, cuando se produce esa conexión —cuando alguien se detiene, mira, siente— eso vale infinitamente más que cien likes automáticos. 

Porque significa que alguien ha vibrado en tu misma frecuencia

Que el mensaje ha llegado.

O que ha llegado otro distinto, pero igualmente profundo.

Y eso es lo verdaderamente importante. 

No hay que olvidar algo fundamental: fotografiamos para nosotros, no para los demás. 

Amanecer en La Playa de las Catedrales.
Fotografiamos para nosotros
Amanecer en La Playa de las Catedrales.
Vibrando en la misma frecuencia

No se trata de rebuscar en el archivo la foto que encaje con la última tendencia para colgarte medallas. Porque, seamos sinceros, muchas veces cuanto más chorra es la imagen, más interacciones tiene

No suele haber mucha exigencia como espectadores. Miramos rápido, reaccionamos rápido y seguimos. 

Pero cuando te encuentras con una obra que es la construcción de un mundo interior, es como leer una autobiografía.

Aunque cada lector construya la suya propia. 

Porque esas imágenes —las que salen del inconsciente del autor— activan el inconsciente del espectador. 

Y ahí nacen mundos distintos. 

Tantos como personas miran.

Si vemos sufrimiento, felicidad o tormento en una imagen, quizá lo que estamos viendo es lo nuestro. La fotografía no sólo muestra al autor. También nos devuelve el reflejo.

Y eso… aunque no dé likes… es profundamente valioso.

Amanecer en La Playa de las Catedrales.
Cuando el inconsciente habla
Publicado en Fotógrafos, Reflexión

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ES