José Manuel García escribía en su página de agradecimientos con respecto a mi fotografía:
«Mónica Riveiro me regaló la fotografía de la portada, donde supo plasmar el confín de la espesura. Los fotógrafos suelen ver más y más adentro. Por eso, porque dentro del caracol reside la espesura confinada en la circular envoltura que marca el confín. Dentro, la imaginación, y la duda, el corazón, la sombra y el miedo y la alegría. Fuera… Dentro, el caracol, fuera… Y un pequeño agujero en la concha, porque en este mundo no hay nada opaco ni compacto ni quieto. El confín de la espesura que yo despliego en palabras, Mónica lo captó en una mirada, y se lo agradezco.»
Y yo le agradezco a José Manuel sus palabras. Por varios motivos. Por un lado me ha hecho reflexionar en esa frase de «los fotógrafos suelen ver más y más adentro». Creo que tiene razón, aunque añadiría un matiz: no es tanto que veamos más adentro, sino que intuimos lo que hay detrás. No sé si realmente sé ver más allá, pero a veces siento que lo presiento.
Recuerdo perfectamente el momento en que hice esta fotografía. Aquel día (como tantos otros), jugaba a dejarme llevar por lo que me llamara la atención sin saber por qué: una palmera moribunda rodeada de naturaleza viva, una gota de agua en una brizna de hierba. Y el caracol. Inmóvil, pegado a una pared, con su cáscara agujereada.
Cuando observo imágenes como esa, inevitablemente se forma en mi mente un gran interrogante. Y en el caso del caracol, el interrogante era claro: ¿vida? ¿muerte?
Me pareció sorprendente que en su día José Manuel se fijara en esta imagen para la portada de su libro.
Por otro lado creo que esas dos palabras son conceptos simbólicos que también habitan en mi fotografía: confín y espesura. El confín, como ese límite sutil que no separa, sino que conecta; el umbral entre lo interior y lo exterior, lo visible y lo invisible. Y la espesura, como algo que evoca la profundidad, la complejidad, el misterio y lo inconsciente que invita a imaginar.
A José Manuel le agradezco que pusiera palabras a aquello que yo solo intuía: el confín de la espesura.
De su poemario elijo dos poemas que han resonado profundamente conmigo: «Lo que importa» y «Nunca».

